

Una historía sin fín: La naturaleza
La vida tiene muchas bellezas, pero que es la belleza?
La historia te presenta infinitos conceptos
Belleza es imitar a la naturaleza, inventando una nueva creación
La naturaleza se expresa de millares de formas, es pasiva y activa a la vez, ahi tienes diversos conceptos de bellezas, a veces reacciona inesperadamente, otras te avisa y en otras según como la tratas, pero en todas tiene infinitas bellezas en si, porque es autentica, es natural, tiene sus colores, sus matices, blancos y negros, sus luces y sombras, clarooscuros, marrones, puntos de vistas que el observador solo debería observar con atención y comprender que la belleza de lo sarcastico es lo mismo que la belleza de una flor
Belleza es la razón de comprender la mente, lo intelectual, de curar con una palabra, con una teoría, de salvar una vida en una operación más allá que todo el mundo este en contra, poner el pecho en aquellas circunstancias que lo requieren, por aquellas personas que son y que no aparentan, que aunque hagan miles de apariencias tan reales y tan amorosas el verdadero observador caerá pero no caerá porque es la naturaleza es amor y todo te dá, a veces lo hacen para que simplemente digas o hagas algo y hacer alguna maniobra, belleza es la forma en como haces sentir sinceramente desde el fondo de tu alma de la mejor manera a tu projimo, con el arte de amar, es jugar a la verdad pero no con la verdad, la belleza requiere ser simple y compleja a la vez por eso los románticos y los clasicos se la disputaban, tan opuestos pero tan iguales, laberintos que nos forman, se aclaran, se despejan y seguimos un camino donde al final hay una gran luz blanca purisima, aqui entramos a una historía sin fín, un bosque inmenso, un camino de arboles muy altos, hojas muy brillantes, olores muy humedos, sonidos de diversos pájaros, a los costados arroyos de aguas cristalinas que corren sintiendo una frescura que invade nuestro pecho, nos acercamos y hacemos tocar nuestros pies con el agua, correr entre nuestros dedos, caminamos en el agua, entre las rocas, al otro lado flores silvestres de infinitos colores, plumerillos que soplamos y nos pega en la cara, pasamos todo ese monte silvestre, a lo lejos una cueva, traspasamos un desierto, la vemos, nos acercamos y adentramos hacía ella, un lugar muy oscuro, las paredes de piedras no labradas, más al fondo se empiezan a ver algunos colores muy básicos, son pinturas geometricas y algunas pocas de figuras humanas y de animales, sentimos un olor a humedad por el lugar muy cerrado y oscuro, apenas la luz del día que entra en la puerta puede alumbrar algo el fondo y calentar la pequeña alcoba, de repente sentimos llanto de un bebé, muy de cerca, no vemos nada por la poca luz que hay, el lugar es chiquito y no se ven rastros, de repente vemos en un rincón un hueco tapado con una piedra, sacamos la piedra e interiormente recogimos el bebé, intentamos calmarlo en nuestros brazos, con nuestros besos, con el calor que pudimos en ese momento, lo volvimos a dejar en el mismo lugar, y fuimos de vuelta al bosque a buscar algo de leña para hacer un fueguito para que el bebé se sienta bien calentito y hacerle algo de comer. Ya juntada la leña, la llevamos a la cueva, hicimos el fuego, y luego volvimos de vuelta para el lado del arroyo pero la parte más profunda, donde nadaban un pecesitos muy bonitos, y muy ricos se veían, pedimos a la madre naturaleza que nos de el permiso de sacarlo para alimento, ella nos lo da muy fácil, porque se lo pedimos con amor, no hubo fuerzas macabras de mano del hombre moderno, y por eso el agua dejo de correr un momento, los pecesitos se tranquilizaron y pudimos sacar algunos, unos dos o tres, no demasiado porque sino el río se pone triste sino tiene compañía que es la vida que la hace sonreir. Llevamos los pescaditos a la cueva, y los pusimos a cocinar, sacamos al bebé del escondite y cerca del fuego se veía que estaba más tranquilo pero igualmente seguía molesto, se veía que hacía varios días que no comía, y que si seguía vivo era por milagro de Díos. Los pescaditos ya estaban cocidos, despacito para que no se quemé, le fui dando al bebé, y la cara le fue cambiando, cuando se llenó, sus ojitos se cerraban solos y asi se fue durmiendo entre mis brazos, le prepare una camita con lo que encontre en la cueva, unos cartones, él apenas estaba tapado con una frasadita que lo cubri bien y lo lleve al mismo rinconcito tapado que le servía de protección de los animales del bosque y de la selva. El fuego se iba apagando, la luz del día ya se hacía tenue, el cielo ya se veía un color rojizo anaranjado violeta, anunciando que venía la noche, empezaba a esconderse el sol con un bostezo, a salir la luna bella y contenta como cuando nos arreglamos para ir a una fiesta con los cachetes medio colorados por la luz del sol,a iluminarnos nuestro camino en la oscuridad, en las noches de soledad, a protegernos, a cuidarnos; y asi mirando los hermosos colores del atardecer, cayó la noche y juntos nuestros parpados también cayeron, recostados en la puerta de la cueva que nadie entre, cuidando al bebé, como guardían en las noches de vigilia...
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