
Lucía caminaba por el parque, una chica muy enamorada de él, de ese hombre tan moreno que la ilusionaba cada día más, y la entristecía con sus ignorancias severas.
Pablo, "ese chico", también se encontraba en el parque y se cruza con Lucía.
A ella se le llenó el corazón de felicidad al verlo pero tenía miedo porque siempre la lastimaba. Él no la ignoró, al contrario, le pidió conversar:
- Hola, Lucía, ¿Cómo andas?
- Bien, ¿y, vos?
- mejor cuando te ví.
- No seas mentiroso, Pablo, siempre me decís lo mismo y me terminás lastimando.
- Pero esta vez no. Todos estos días que no te he visto, he pensado mucho en vos y quiero que nos amiguemos y podamos tener algo más que una simple amistad. Te amo, Lucía.
- Por favor, Pablo... sabés que me gustas mucho, y vos siempre terminas haciendome sufrir.
- Lucía... te amo... ¡creeme!, y perdoname lo idiota que fuí al hacerte sufrir.
Ella no se podía resistir a esa voz tan tierna y a ese beso que luego se lo dió sin dejarla decir una palabra.
- y, ahora... ¿me crees?
- No se, Pablo. Sufrí y lloré tanto por vos que me dá miedo.
- Vení, acompañame hasta un lugar.
Y la llevó hasta la playa abrazada de los hombros. Pasaron un momento muy lindo juntos. Ella terminó creyéndole, porque cada vez que lo tenía cerca lo quería más y no se podía resistir. A los días de su noviazgo con él, ella lo ve besandose con su única y mejor amiga, Carla. No lo pudo resistir y sale corriendo para cualquier lado, llorando como una loca por volver a creer en él y por confiar en una amiga que decía que jamás la defraudaría. Desde ese día no quiso volver más nada con ninguno de los dos ni mucho menos en volverse a enamorar.
Cuando termino sus estudios se metió en un convento, y allí permaneció el resto de su vida dando clases a chicos y adolescentes huérfanos.
Realizado el día 01/08/03 - 7.10 pm
No hay comentarios:
Publicar un comentario